La lluvia que durante la mañana y comienzo de la tarde del Miércoles Santo cayó sobre Granada quizás convenció a las cinco hermandades que debería procesionar a la Catedral para no realizar sus estaciones de penitencia.
Lluvia que luego no apareció hasta bien entrada la noche. Las juntas de gobierno de las diferentes hermandades fueron prudentes y evitaron un posible deterioro en su patrimonio.